domingo, 24 de septiembre de 2017

SIN RÍOS EN MIS ENTRAÑAS NI NUBES EN MI CABEZA

Salieron los esclavos a manifestarse,
reclamaban cadenas más cortas.

Se prohibieron los horarios
y se apaleaba con anuncios a quien estuviera aburrido.
Al enfermo se le aislaba,
pero no se le mataba.

Mirarse a los ojos era delito.
Descubrir las intenciones del otro se penaba con la cárcel.
Todos los días a las dos del mediodía
se anunciaba en la tele la muerte
inesperada y repentina de Dios.

Se acabó escuchando gritos de auxilio
desesperados, desgarradores.
Afónicos gritaban, se desgarraban las ropas, se tiraban del pelo.
Lloraban, gemían.
¡Piedad!
decían los hombres libres que temían la libertad.

El miedo se hizo ley,
el pueblo verdugo,
la piel se hizo frontera
y el presente, futuro.

Los gritos fueron por fin murmullos,
hubo estallidos de quietud.
Las chanzas se hicieron despedidas,
los abrazos saludos militares,
ley marcial para los individuos,
armisticio para los plurales.

Adiestrados, mansedumbre saciada.
Sin ríos en sus entrañas ni nubes en sus cabezas,
asentían a las rebajas y negaban alterados
a los viciosos desvaríos de profetas alarmistas.

Se expoliaron sueños e indecencias,
se rasaron hipótesis y fantasías.
Flagrantes delitos eran los del poeta,
por enaltecimiento a la belleza,
encerraron entre rejas a la poesía.

Salieron los esclavos a manifestarse, reclamaban cadenas más cortas. 


domingo, 2 de abril de 2017

¡YA VIENEN! ¡YA ESTÁN AQUÍ!


"The last man on Earth sat alone in a room. There was a knock on the door..."
Fredric Brown. Knock.

Su tempestad me ha convertido en hospital,
llueven aduanas enfermizas con ganas atroces,
¡atroces!
de separar las almas de quienes no visten igual.
Trepan porque no hay dios que los pare ni hombre que los rebaje.
¡Suben!
suben montañas y atraviesan concertinas,
relucen en la oscuridad, permanecen en las retinas
de quien los ve.
¡Ya vienen,
ya están aquí!

Nos comerán por los pies,
enfermaremos y enfermos haremos a nuestros hijos.
Se vestirán con nuestra piel,
harán que los amantes se separen,
¡Nos apartarán!
Vendrán disfrazados de motivos,
de sentido común, de razón, de recelo
de egoísmo, de avaricia, del olvido.
¡Ya vienen,
ya están aquí!

Nos harán a todos presos sin jurado ni juicio,
traerán consigo espejos, embajadores de defectos.
Se retorcerán en nuestros tobillos,
naceremos esperando y esperando moriremos.
En cada momento que te sientas vivo
ellos susurrarán: no te arriesgues o estás muerto.
Y lo dirán en un idioma que no entendamos,
y que acabemos por odiar.
Y odiaremos.
¡Ya vienen,
ya están aquí!

Seremos el grano cosechado,
seremos espiga y tallo, seremos lo mismo
y nuestro odio será piedra de molino,
será plaga, sequía y tormenta,
¡Nos machacarán!
harán de nosotros una masa sanguinolenta,
y ellos son los culpables.
¡Ya vienen,
ya están aquí!

Ellos traerán el frío y su credo,
harán que lloremos a escondidas,
que nos golpeemos a plena luz del día.
Serán semilla en nuestras sienes,
echarán raíz en nuestras heridas,
de ellos nacerán todos nuestros dioses,
por ellos sesgaremos nuestras vidas
y cobardes huiremos de sus voces.
¡Huid!
¡Ya vienen,
ya están aquí!

¡Sabed quienes son!
Ellos gobiernan nuestro yo,
sin nombres, sin caras,
ellos son nuestros miedos.
Ya están aquí
¡Temedlos!
pues no se van a ir

domingo, 26 de febrero de 2017

DEUDAS DE POR VIDA


 "Estamos en plena cultura del envase. El contrato de matrimonio importa más que el amor, el funeral más que el muerto, la ropa más que el cuerpo y la misa más que Dios."
Eduardo Galeano.

A mí el reloj me debe casualidades.
Madrid me debe un tiempo muerto.
Mi sentido del ritmo me debe acordes,
y mis errores me deben, mínimo, un monumento.

¡Y la de mentes estrechas
que me deben
una jornada de puertas abiertas!

La poesía me debe musas
la realidad me debe ficción
la tristeza me debe excusas
¡hijos de la época del envase,
vosotros me debéis una puta explicación!

Recuerdo muertos que me deben dos o más sillas, café y conversación,
cuerdas vocales que me deben te-quieros efervescentes,
mareas que me deben botellas con las que curar a mis cobardes
primeras citas que me deben festivales de posibilidades.

(A lo que el maestro me recordó):
¡Y la de portazos sin motivo
que me deben
un par de signos interrogativos!

La justicia me debe razones sin resaca de posibles,
tu picardía me debe el placer de tu piel expuesta,
hay camas que me deben compañías,
y una docena de cometas que me deben vientos
y tormentas.

He sufrido "siempres" que me deben un "se veía venir "
soy testigo de "nuncas" que me deben un "quizás"
el tiempo me debe heridas, risas y un lugar al que poder huir
padezco de "bolsillos" que me deben "algo que rascar"

¡Pero qué te voy a contar a ti!

Tú que eras pestañeo y acabaste siendo guiño
que eras paso firme y acabaste siendo contoneo
Tú que venías desnuda y acabaste siendo abrigo
yo que te creía nudo y acabaste siendo alas

Tú, que no me debes nada:

Ojalá me debieras sonrisas de metralla y noches de guerra,
mañanas de pólvora mojada, madrugadas de trincheras…
Ojalá debiéndome nada
me abrazaras diciendo:
―Ven conmigo, hagamos que tus cuentas queden saldadas,

u olvidadas.